Hay preocupaciones que hace algunos años apenas aparecían en consulta o en conversaciones cotidianas. Hoy cada vez se escuchan más.
Personas que sienten angustia cuando piensan en el futuro.
Que se preocupan por el planeta, por el tipo de mundo que viene, por lo que vivirán sus hijos o las próximas generaciones.
Y aunque intentan hacer cambios, informarse o aportar… sienten que nunca alcanza.
Y aparece una sensación difícil de nombrar:
estar cansado incluso de preocuparse.
Existe un término para esto: ecoansiedad.
No es una enfermedad ni significa que haya algo mal contigo.
Es el malestar emocional que algunas personas sienten frente a la incertidumbre ambiental y la sensación de que el futuro está cambiando demasiado rápido.
Porque una cosa es tener conciencia.
Y otra muy distinta es vivir en alerta permanente.
Hoy recibimos información constantemente.
Noticias, imágenes, mensajes sobre todo lo que deberíamos hacer mejor.
Y cuando esa preocupación deja de inspirarte y empieza a agotarte, algo merece atención.
Empieza la culpa.
La sensación de responsabilidad excesiva.
Pensamientos como:
“¿Estoy haciendo suficiente?”
“¿Qué mundo les estamos dejando?”
“¿Debería preocuparme más?”
Y aquí hay algo importante.
Preocuparte habla de sensibilidad.
Pero cargar con el peso completo del mundo… no.
Desde la psicología sabemos que cuando sentimos que algo es demasiado grande y está fuera de nuestro control, aparece una emoción que desgasta mucho: la impotencia.
Y muchas veces respondemos intentando controlar más.
Más información.
Más exigencia.
Más presión.
Hasta agotarnos.
Cuidar del entorno importa.
Pero también importa cuidar el lugar emocional desde donde lo haces.
Porque pequeños cambios sostenidos suelen transformar más que vivir en culpa permanente.
Quizá no necesitas hacer más.
Quizá necesitas recordar que no estás llamado a salvar el mundo tú solo.
Y que también está bien descansar de mirar tanto hacia afuera… para volver un poco hacia dentro.
Cuidar del mundo y cuidarte a ti no son caminos opuestos.
Empiezan en el mismo lugar.
Si algo de este artículo conectó contigo, recuerda que entender lo que sentimos también es una forma de cuidarnos. Y si necesitas acompañamiento, puedes escribirme.

Dra. Cristina Amézaga
Psicóloga e Hipnoterapeuta
Terapeuta de pareja y familia
Nº de Colegiada: AO13874
IG: @cristina.amezaga



